El universo onírico de “La vida es sueño” de Teatro del Temple

8 noviembre, 2016  por Rita Lorenzo
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Como sabéis, fuimos invitadas, el pasado jueves, al ensayo general de “La vida es sueño” de Teatro del Temple, dirigida por Carlos Martín y adaptada por Alfonso Plou. 

Os contamos nuestra experiencia:

El teatro estaba lleno; amigos, bloggers, periodistas y un instituto, eramos los invitados a presenciar el ensayo.

La obra da comienzo con un juego de claroscuros con ayuda de linternas, focos blancos frontales y un efecto niebla, que nos precipita en una acción de tensión y misterio mientras vamos descubriendo los personajes: Rosaura –Minerva Arbués– y Clarín –Alfonso Palomares– se adentran, disfrazados, a la torre donde se encuentra encarcelado Segismundo –José Luis Esteban-, el hijo del rey Basilio –Yesuf Bazaán-, quien encierra a su propio hijo, ocultándole su identidad, por el temor de que éste sea un rey cruel. Entre la oscuridad y el nerviosismo se va sucediendo la acción y van apareciendo Clotaldo –Félix Martín-, padre de Rosaura, servidor de Basilio y carcelero de Segismundo y los carceleros –Encarni Corrales– y –Francisco Fraguas– quienes encarnarán a su vez a Estrella y Astolfo, sobrinos del rey;  hasta que, por fin, se hace la luz, la escena cambia, y podemos apreciar la fantástica escenografía que destaca por ser compleja y sencilla a la vez, con un juego de luces y colores que recrea un ambiente que puede ser cálido y hostil al mismo tiempo. Al fondo y en los laterales unas tarimas que improvisan un escenario para el músico –Gonzalo Alonso–  y los instrumentos, los cuales se integran con la escenografía, pues a la misma altura y en el centro se encuentra el trono del rey; y además, los actores, esporádicamente, tocan los instrumentos y acompañan con cánticos y danzas, lo cual crea un efecto “coral” que acompaña a lo largo de la obra. A medida que va avanzando la representación, podemos ver la versatilidad de los elementos escenográficos, donde rampas, telas y cuerdas, son usadas por los actores en un juego inteligente que ayuda tanto al ritmo como a crear diferentes espacios y ambientes. Mencionar también el uso del vestuario, donde con una simple chaquetilla con capucha, los personajes se transforman completamente, usando un código de cambios de personajes que es aceptado por el espectador desde el primer instante.

Tanto la estética de los personajes como la música recuerda a una mezcla entre tribus urbanas y el mundo oriental. La gama cromática se respeta durante toda la obra: rojos, naranjas y ocres.

Todo ello, y junto con la musicalidad dada por el verso, ayuda a crear un mundo onírico que en momentos atrapa al espectador y lo seduce con instantes sinestésicos donde lo visual y lo auditivo se unen para hacernos sentir, como si de un sueño placentero se tratara.

Como ya he mencionado antes, hay un efecto “coro” en la obra que se traduce en una interpretación homogénea entre los actores; sin embargo, a mi parecer, destaca la interpretación de Yesuf Bazaán en el papel del rey Basilio, quizás sea por su presencia, o quizás por su ritmo tanto en el habla como en las acciones, más lento que el resto de los personajes, sin que ello afecte al ritmo, de hecho, en mi opinión lo enriquece y ayuda a la comprensión del texto. O quizás sea porque ese personaje despierta mi lado friki por su alto parecido con el genuino personaje de “Los Vengadores” El Mandarín. Juzgen ustedes mismos, XD :

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· Foto de la derecha robada del blog de Angela Medrano, durante el coloquio con los actores tras la representación.

Para terminar, os dejo con el tráiler de “La vida es sueño” de Teatro del Temple, recordándoos que se estrena este jueves 10 de noviembre en el Teatro Principal y estarán hasta el domingo 13.

+ Info aquí.




Rita Lorenzo
Veo teatro porque me gusta que me hagan sentir. Hago teatro porque me gusta descubrir los secretos del ser humano como sociedad y como individuo.







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2 comentarios

Muchas Gracias Rita, de parte de toda la compañía,!!



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